
Durante estos años la dramaturgia ha surgido de muchas formas. Escribir en dúo fue una de ellas. Mi nombre es Rubén Abal, soy dramaturgo y les contare que ha sucedido en estos últimos meses.
Escribir en dúo es una negociación constante entre tintas. Entre Johana y Nicolas, todo empezó jugando. Un día empezaron a escribir. Un archivo, un documento, una premisa, un personaje que se encontraba con una mujer en un bar. Una huida. Puntos suspensivos. Hasta ponerle un punto final. Y de ahí un salto hacia otros textos. “¿Por qué no escribir para Microteatro?”, preguntaba ella. “¿Qué? ¿en 15 minutos?” respondía él sorprendido. “Bueno, juguemos”, afirmaba él luego de la mirada cómplice de ella.
Entre tardes, tabacos, noches y algún vino, sus ideas volaban y bajaban. A veces se bloqueaban y paraban. A veces, uno se quedaba solo, en esa soledad acompañada (mi favorita): El otro, en lugares esperando para volver a entrar al parque acuático de las letras. Y a veces el silencio. Para que se nutra esa maquinaria creativa. Las cartas a la distancia con párrafos que se complementaban. Y entonces, la primera obra corta terminada. Pero no quedo seleccionada.
“¿Qué importa?” dice ella. “Se me ocurrió esta idea” agrega.
«Que difícil negarse a esa nueva invitación con ojos encendidos», pensaba él (ella lo sabia).
Con el ardor de entrar a una rayuela de vocales, consonantes y palabras inventadas… sale “2030”. Escribir en dúo es desafiante, divertido, frustrante, apasionante y un vaivén. Un subibaja. Tirarse del tobogán gastado sabiendo que el pantalón se ensucia y se rompe. Pero que importa. Llegas al final, y hasta te animas a tirarte de culo al piso en ese segundo que está por terminar el descenso. Y te volves a parar. Para ir a la escalera y volver a hacerlo. La rutina del juego. La rutina de la escritura. La rutina para que suceda lo extraordinario. La rutina del vaivén con el otro para crear parir gestar. Escribir solo desde tu mundo es desafiante. Pero escribir fusionando dos mundos es multiplicar, expandir, para que sucedan nuevos mundos.
“2030” es el resultado del valor incalculable que tiene el proceso vincular de Johana y Nicolás A veces, ellos dejan de chatear, para hacerse pasar por otros y escribir durante días escenas que irán a parar quien sabe dónde.
Anímense a escribir con otros.
Dejar un poco los chats para revalorizar la escritura. Solo un momento. Prueben este experimento: Una botella perdida al mar, leer el papel y luego responderle para volver a tirar esa botella. Jueguen a ser otros. Puede ser con amigos, con familiares. Alguien les devolverá esa botella. No hace falta ser escritor, kinesiólogo, curandero, petrolero. Hace falta solo mandar un:
– (Toc toc) Hola, creo que me equivoque de tiempo… ¿es este el año 1935?
– (Del otro lado de la puerta) Si, lo estaba esperando. Llega tarde.
No solo somos emoticones, ni stickers, ni gifs ni memes.
Revalorizar la escritura en estos tiempos,
quizás sea,
un acto revolucionario sin buscar resultados.
(Por Rubén Abal)